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Neomierda.

Cero credibilidad.

Fragmentos (4)

jueves, junio 07, 2007
Los vi besarse dos veces en la vida. Ella fue mi primer amor, él era amigo mío. Siempre me pareció innecesario y rídiculo hasta cierto punto padecer los embrollos, las dificultades, los escollos y zancadillas que el amor provoca cuando no es correspondido, o cuando la vida te juega una mala pasada, por eso nunca lo intenté. Antes de todo, ella no me gustaba, de hecho, me caía mal y él me era inclusive: ni me viene ni me va. Hasta que empezé a conocerlos a los dos por separado. Con él jugaba futbol en las tardes, con ella tenía clases en la universidad. Ella comenzó a gustarme por que no se callaba lo que pensaba, por sus alardes de mujer fatal, por ser presumida y egocéntrica, que es por lo que me cayó mal en la primera impresión. Me volvía loco una mueca que hacía cuando alguien manifestaba una opinión que no fuera la suya, una manera de entrecerrar los ojos y arrugar la nariz, tan única, tan de ella, que inclusive llegué a llevarle la contra por deporte, con la simple premisa y la sencilla razón de que hiciera esa mueca. Me encantaba que trajera su cabello suelto, pues luego, al hartarse de el, amarraba sus chinos en un chongo que mantenía unido con un lápiz o pluma. Me gustaban sus ojos y su nariz. Me gustaba todo de ella. Y así, con sus gestos, con su manera de ser, con las pláticas que teníamos, con las cajetillas que juntos nos terminábamos, fue metiéndose, poco a poco, pero inexorablemente en mi vida, en mi cabeza y por último, en mi corazón. Me estaba enamorando contundentemente de ella, y ella se enamoraba de mi sin remedio. O al menos eso supuse yo. El jugaba al fútbol como pocos vi jugar en la vida. Gran técnica y visión. Siempre que jugué en su contra perdí, pero siempre dí pelea. Nunca bajé los brazos, vendí cara la derrota. Se armaban unas batallas épicas y apasionantes cuando jugabamos en equipos distintos, y éramos gloriosos, guardando las distancias. Siempre fue así. Cuando me tocó jugar en su equipo, apabullamos a quien sea que jugara contra nosotros. Siempre fue noble al perder, que eran pocas veces; aceptaba estóico la derrota, sonreía y ponía para los refrescos o las cervezas, dependiendo de la polla que se hubiera juntado después de cascarear entre los perdedores. Siempre admiré esa entereza, ese saber perder, y hasta cierto punto lo envidiaba, porque durante mucho tiempo fui un mal perdedor que nunca aceptaba la derrota, o la aceptaba enojado, a regañadientes y de mal talante. Aunque al final siempre cumplí con felicitarle y poner lana para las bebidas. Así los fui conociendo a los dos. Con ella siempre estuve en la escuela, juntos como uña y mugre, novios sin serlo. Y con él compartí una pasión por el futbol que nos fue uniendo, poco a poco, pero inexorablemente, hacia un mismo lugar, un mismo destino que en aquellos ayeres los dos ingorábamos: una mujer. Con él siempre me llevé bien, a la larga trabamos una amistad duradera. A ella siempre la traté bien, como lo que era: una reina. Tiempo después mi relación con ellos fue creciendo, a tal grado, que una vez lo invité a que nos fuéramos al campamento que año con año hacíamos: Un fin de semana, subíamos a la montaña, nos quedábamos cerca de la mina y encendíamos una fogata, alguien sacaba la guitarra, otro sacaba de la galera un pomo, y así se formaba el ambiente. Esa noche lo invité a él, y también a ella. Con ella estuve toda la noche, nos abrazamos, le presté mi chamarra cuando tuvo frio y la presenté a él diciendo: "Mira, él es, además de mi amigo, un excelente futbolista". Los dos sonrieron divertidos, yo sonreí más todavía. Comenzaron a charlar un poco. Yo fui por bebidas. Se las traje y entonces empezamos a tomar y a fumar. El no fumaba. Ella y yo si. Nos acabamos las cajetillas, y se acabó el alcohol. Hacía más frío del que podíamos aguantar incluso tomados, así que nos metimos a una de las casas de campaña, que eran dos. Nosotros nos metimos relativamente temprano, a seguir la plática en el resguardo que nos proporcionaba el iglú de lona. Así estuvimos, platicando durante mucho tiempo; perdí la cuenta de cuanto, hasta que me quedé dormido, me acosté, y dándoles la espalda, los dejé a ellos dos platicando animadamente. Estaba ebrio y caí en una especie de sopor, un dormir sin descansar, un estado de vigilia con los ojos cerrados. Los escuchaba hablar un poco, y luego dormitaba, luego despertaba y su conversación me arrullaba de nuevo. Hasta que desperté de nuevo y entonces no escuché nada. No se porqué, y hasta la fecha lo ignoro, pero en lugar de incorporarme, me di vuelta para no darles la espalda, fue cuando los vi, alumbrados miserablemente por la pequeña lámpara del techo, besándose. No lo podía creer. Intente levantarme, pero el estado en el que estaba no me lo permitía. Los miraba fijamente, ellos, obviamente, no se daban cuenta. Algo me obligaba a mirarlos, el morbo, la impotencia, el alcohol, que se yo. Pero los miré hasta quedarme dormido sin remedio. A la mañana siguiente, desperté antes que todos, y me fui sin despedirme. La cruda era intensa, tanto la del alcohol como la moral, y el dolor que sentía nunca lo había conocido antes: no era un dolor físico, era un dolor interior, un resquebrajamiento del alma, una puñalada sin dolo en el corazón. No sabía manejar esa clase de sentimientos y por eso me marché. Días después fui a cascarear y lo ví. Ahi estaba, como siempre; jugamos futbol, como siempre; estabamos en el mismo equipo y ganamos, como siempre. Fue una suerte, puesto que nadie notó el desgano, el desdén y mi falta de ganas para jugar. Terminamos y nisiquiera me quedé a las bebidas. Regresé derecho a mi casa, me tomé una jarra entera de agua y me fui a la cama sin cenar. A ella la volví a ver entrando a la escuela, y me trataba como si nada hubiera sucedido, sólo que ahora dos cosas eran distintas: Yo no la tomaba tan en serio, y él pasaba por ella al terminar las clases y se iban a no se donde. Así pasaron los meses. Ellos comenzaron una relación a partir de que se conocieron, y yo simplemente fui un espectador más. No volví a pensar en ella, me tragué mi orgullo y acepté las concecuencias con estoicismo: al fin había aprendido a perder. De alguna manera pude rehacerme y seguir siendo amigo de la pareja, aunque guardaba mi sanísima distancia por mi propia salud mental. Nunca le dije nada a él y con ella simplemente me avoqué a continuar nuestra amistad, pero ahora sin intención, sin caricias y con los abrazos de saludo y despedida a los que estaba acostumbrada, que eran los que más trabajo me costaban. Aunque no pasé mayor problema. Una noche, todos los amigos salimos juntos, ellos incluidos, y nos fuimos a la feria del pueblo, con juegos mecánicos, musica en vivo, bailables, antojitos, bebidas y cuantacosa. Fuimos a la improvisada explanada de la feria, tomamos algunas sillas. Ella se sentó delante y a la derecha de mi, él no llegaba, y yo la miraba: su cabello chino, su aire déspota y presumido. Sonreí porque no lo había perdido. Pero mi sonrisa se borro de inmediato, cuando llego él de improviso, se puso atras ella y haciéndola voltear hacia arriba, la besó como cuando los vi por primera vez. Los miré de lleno, y entonces me di cuenta, acaso con un dejo de repugnancia, que él no cerraba los ojos cuando la besaba. Movía los ojos erráticamente, mientras ella, totalmente entregada al beso, cerraba sus ojos y se dejaba llevar por la sorpresa. Nunca más los vi besarse. Pasó mucho tiempo después de eso, años incluso. Yo me fui a terminar la carrera a otra ciudad, y me llegó la noticia de su ruptura. Pero ya no me importó. Luego me enteré que él se marchó del pueblo, que ella se terminó la carrera y había regresado al pueblo a ayudar a su madre después del fallecimiento de su padre. Yo había terminado la carrera, tenía un empleo descente y ganaba lo suficiente para mantenerme y darme mis lujos propios de la soltería, incluyendo una pantalla gigante y la cama de agua que siempre pedí y nunca me regalaron. Así viví tres años deliciosos. Hasta que recibí una llamada de mi padre, que me ofrecía empleo en su fábrica, la cual estaba muy cansado para atender y administrar como es debido. Le pregunté porque yo, y me dijo que Baltazar era maestro, era su pasión y no pensaba dejarla porque estaba bien acomodado. Jesús para ese entonces ya se habia marchado a Colombia, y yo vivía solo, y me consideraba con la suficiente capacidad para tomar el control. Halagado, accedí. Cancelé el contrato de arrendamiento del depa, vendí mis muebles, agarré mi televisor gigante, mi cama de agua y el resto de mis chivas, y regresé a trabajar al pueblo. Al llegar, con lo que ahorré y con lo que había obtenido con la venta de los muebles, pude comprar una casa decente en el pueblo, que además estaba cerca de casa de mis papás. Así me establecí, y viví tranquilamente mis primeros meses. Hasta que un día, regresando de comer en casa de mis padres, vi caminar a una mujer de pelo rizado y porte altanero. Era ella. Me acerqué disimuladamente para ver si no me engañaba el subconsciente, y no lo hacía: si era. Fui a saludarla. Ella volteó y al primer golpe de vista no me reconoció, momentos después me recordó. "Estas muy cambiado" me dijo, "Tu no has cambiado nada", le contesté. Acto seguido le pedí que nos tomáramos un café, ella lo dejó para el siguiente día porque tenía que ir con su madre a no recuerdo dónde. "Quedamos entonces mañana", dije para confirmar como obispo "Si, mañana" me contestó, para luego marcharse. Me dio gusto verla. Al siguiente día, fuimos a tomarnos el café y a ponernos al día. Me contó todo sobre la muerte de su padre, su carrera, su trabajo, sus ilusiones y por último, el pasado. Me dijo que ella siempre sintió que algo había quedado inconcluso entre nosotros, yo la tomé al aire y le dije que era cierto, pero no le dije qué. "¿Que se quedó inconcluso?", me preguntó, "Mañana te digo, ahorita me tengo que ir". Ella hizo su mueca de desaprobación que tanto me gustaba, y me dijo "Mañana entonces". Al siguiente día le platiqué todo lo que llevo escrito hasta ahora. Se lo conté pausadamente, entre sorbos de café, y sintiendo su mirada potente en todo momento mientras hablaba. Al terminar, en un arranque que nunca pensé de ella, me pidió disculpas. "No tienes de que disculparte, no éramos nada entonces, como no lo somos ahora", le repliqué. Ella suspiró y yo sentí alivio, no se por qué. Después de esa charla, nos juntábamos todas las tardes a tomar café, fumar y platicar sobre cualquier cosa, como solíamos hacer cuando estudiábamos. Así duramos semanas, meses incluso. Hasta que una noche que se nos hizo tarde, la acompañe a casa de su madre. Y ahi en la puerta, cerrando los ojos, la besé. Pasó una eternidad en un segundo. Al separarnos, ella se quedo mirándome, y yo a ella. El silencio de todo el pueblo se balanceaba en el hilo de nuestras miradas. Y entonces, rompiendo ese momento tan memorable, le pregunté: "Dalma, ¿cerraste los ojos?", Ella me contestó que sí. El resto es historia.

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Fragmentos (3)

miércoles, junio 06, 2007
Estoy extrañado: es verano y no ha llovido tanto como esperaba aquí en el pueblo. No hay que entender mal: ha llovido a cántaros, pero es poca cosa comparado a lo que llueve casi siempre por estos lugares, que en cantidad, es mucho mayor a la que cae en otros lugares del país. Aquí estamos acostumbrados a lluvia larga, profusa, implacable, que no te deja ni a sol ni a sombra. Aquí escampa lo suficiente como para salir a barrer la banqueta levemente, meter rápidamente la ropa colgada afuera para volverla a lavar, llamar al perro para que entre a la casa, cerrar las ventanas y salir a comprar unos cigarros. Luego vuelve a llover a cántaros. Una vez llegó al extremo, empezó a llover y no paró por dos meses. Dos meses completo, ocho semanas de lluvia ininterrumpida; la verdad, aquí podrá ser un pueblo y lo que uno quiera, pero tenemos un excelente sistema de drenaje y nunca, por mucho que caiga, nos inundamos. Es muy raro. Esa ocasión tan memorable de la lluvia de los dos meses, sí nos inundamos, andábamos hasta el cuello de agua. Bueno no tanto, más bien hasta la banqueta. Aunque de todas formas es mucha agua. Total: andabamos todos sin zapatos, con los pantalones subidos hasta las rodillas, y caminando con muchísimo cuidado para no resbalar y provocar una desgracia. Algunas si sucedieron, gente se resbaló y pegó costalazo, cayó de sentón, se fue de bruces, o ya de plano se iba de espaldas. Era como la casa del jabonero: el que no cae resbala. Yo nada másresbalé una vez, no pasó a mayores. Ahora bien, como decía: es verano y no ha llovido como es la costumbre aquí, de hecho hace un clima templado excelente. El sol sale lo suficiente para calentar, y luego el cielo nublado lo tapa para refrescar el ambiente, hay una brisa fresca muy agradable y propicia para salir a jugar fútbol, recostarse en el jardín sobre la hamaca, o sentarse fuera, prender un cigarro y ver la vida transcurrir. Eso estaba haciendo yo exactamente: sentado fuera sin hacer nada. Y esque ahora tengo mucho tiempo libre, pues Dalma se fue de viaje con mi Madre y no regresan hasta el domingo. Así que en la casa estamos nada más mi Papá (que está aquí para no estar sólo en su casa), Hilaria, la doncella de la casa (así pide que le digamos. Muchacha, sirvienta, mucama o cualquier otro apelativo le ofenden, así que nos pide que le digamos "Hila" o cuando nos referimos a ella en su ausencia, entonces es "La doncella de la casa". Tiene años trabajando con nosotros, ya es costumbre.) , y los perros, Valdo y Pecesito. Así la cosa. Los días pasan tranquilos, hay un silencio apabullante en la casa, las luces están apagadas a menos que estemos en uno de los cuartos, y solamente una televisión esta encendida si alguien la está viendo. Reina la calma en mi hogar. A veces viene mi hermano Baltazar a comer a la casa después de dar clases en la escuela y después de la sobremesa jugamos dominó. Luego viene Brida, esposa de mi hermano y jugamos cartas. Si no están ellos, jugamos ajedrez Papá y yo. Hay demasiada inactividad. Extraño el ir y venir de Dalma en la casa, el ruidajo de todas las televisiones encendidas, el resplandor y la reverberación de todas las luces de la casa prendidas como en la feria. Extraño los gritos que pega, y los ladridos de los perros cuando la ven, la oyen o la huelen. Extraño a mi mujer. Mi padre está igual. Extraña mi madre, su arroz con leche, el café con leche, las sobremesas eternas y la plática que continúa mientras recogen la cocina. Los perros han hecho silencio como ya dije: están tristes, deprimidos, cabizbajos y meditabundos porque buscan a Dalma y no está. Aunque no todo está tan mal. Decidimos que comer cada día, tenemos tiempo para leer, mi padre y yo tenemos largas pláticas, de esas que tienen dos personas que tienen tanto por decirse, pero no saben por donde comenzar. Y con este clima tan agradable, salimos a caminar mientras fumamos. Nos acompañamos. Es muy bonito. Hoy por ejemplo, fui al banco, a cobrar un cheque. Al salir encontramos a un mendigo pidiendo limosna, pero no era un mendigo cualquiera, pues bajo su ropa gastada, su cabello alborotado cubierto por un sombrero de paja raído, y su barba incipiente, se asomaban sus huaraches con pies de uñas perfectamente cuidadas, recortadas a conciencia. Las de las manos igual, eran manos gigantes y duras, de gente trabajadora. No supe ni como, pero comenzé a platicar ligero con él, me dijo que venía de la sierra, que se iba a trabajar "al otro lado" de jardinero; pero lo deportaron, se fue pidiendo aventón, y aquí vino a tronar cuando se le terminó el dinero. Era su primer día de mendigo. Por eso no daba tan mal aspecto. Le ofrecí empleo en mi casa o para la fábrica. Aceptó gustoso. Continuamos la plática camino a mi casa, me dijo que se llama Eulalio Flores. Ya después averigué específicamente que se iba a estados unidos a trabajar de jardinero, a piscar fresas o tomates, que es soltero, sin hijos y que se iba a buscar un mejor porvenír, pero lo cacharon, el solamente quería ejecutar un trabajo digno que además es su pasión: la jardinería. Al llegar a la casa, para enseñarle el jardín donde trabajaría, se presentó muy educadamente con mi padre (se aburrió de esperarme y regresó a la casa) y luego vio a Hilaria, que traía una charola con café para mi papá. Eulalio se quitó su sombrero de paja, lo puso contra su pecho y saludó con una especie de reverencia a Hilaria y simplemente dijo: "Señorita, buenas tardes tenga usted". Hilaria tiró la charola. En ese momento, se sonrojó exageradamente, recogió las cosas avergonzada y pidiendo disculpas se fue. Mi padre estaba muerto de la risa, también yo. Eulalio sonreía ampliamente y los ojos negros le brillaban. Creo que ya encontró su lugar.

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Fragmentos (2)

martes, junio 05, 2007
En mi vida me había parecido significante venir aquí al café internet a desperdiciar una hora de mi tiempo. Lo hago, porque es la única manera de saber algo de mi hermano menor, Jesús, que vive en Colombia, cuya única manera de comunicación es el correo electrónico y que por alguna extraña razón, no tiene teléfono allá tan lejos donde vive. Dice que como vive en un rancho muy retirado de la ciudad donde tiene sus sembradíos de café, por la distancia, no alcanza el cableado para el teléfono, ni televisión, ni cable, ni nada. De hecho, creo que a duras penas tiene luz, pero no me consta. Supongo que debo agradecer que se tome la molestia de mandarme correos para saber como está, como le va allá en ese país tan lejano, al que se fue repentinamente de un día para otro, para orgullo de mi padre, que no lo bajaba de talegón, y para la destrucción de los nervios de mi madre, que nunca volvió a ser la misma desde que Chito, como ella le decía de cariño, se largó para no volver. Pero bueno. Esa era la razón principal para venir aquí a batallar con las computadoras que se traban cada cinco minutos y los refrescos calientes que te venden como si estuvieran fríos y viviéramos en el desierto del Sahara. Venía yo a eso: me sentaba aquí, a aplastar mis nalgas y a leer los correos que me mandaba mi hermano desde no sé donde en Colombia. Pero ahora algo cambió. No se porque, apartir de la primera vez que sienté a escribir en este "blog", todo fue distinto. Ahora me dan ganas de desperdiciar miserablemente mi tiempo escribiendo sandeces aquí. Me doy cuenta que quiero escribir sobre muchas cosas, cosas en las cuales antes no reparaba; cosas que suceden a diario en este pueblo, y las que nos han pasado a mi, a mi familia, y al matrimonio que formo con Dalma Patricia, el amor de mi vida y el espejo en el cual mi reflejo es mucho más agradable. Ahora, he comenzado a pensar en qué escribir desde que me levanté de este escritorio al terminar el primer fragmento que puse aquí. Cosas me venían a la cabeza en el baño, a la hora de la comida, mientras saco al perro a pasear, cuando camino por la calle y cuando estoy en el trabajo. Son muchísimas, y ninguna a la vez. Puesto que lo olvido y a la hora de querer recordarlo, simplemente no puedo recuperar lo que pensé. Quisiera tener una computadora en el baño, o ya de perdida en mi casa... habrá que pensar en esa posibilidad muy seriamente, pero después. Ahorita solamente quiero escribir sobre el Domingo, en el que acaeció el evento que une a todo el planeta frente al televisor durante al menos dos horas: La final del mundial del fútbol. Pero no voy a discutir sobre si Italia ganó bien, o si Zidane se volvió loco, o si Marco Materazzi es un mañoso pellizca-chichis. No. De hecho, quiero hablar de lo que provocó ese partido: me reuní con mi amigo Andrés Cortés del Valle, catalán, que vibra con los triunfos del Barcelona y que come no sólo como español, sino como una familia de cinco. Su esposa, oriunda de Madrid y llamada Cristina, que disfruta cocinando para su esposo, y para desgracia de él, y la santa paz de su casa, es Madrilista hasta las chanclas. Arturo es de la idea de dar placer al cuerpo, y de hacer caso omiso de las indicaciones médicas y del clero. Como consecuencia a esto, a Andrecito se le puso el tracto digestivo como accidente geográfico. El médico giró la orden, ciencia consultada y endoscopía de por medio: dieta rigurosa y un maratón de análisis que culminaría con un "Perfil de lípidos" que sirve para saber si estamos pasando aceite y en que cantidad. Fue la hecatombe: Adiós a los vinos, los jamones, los embutidos, las paellas, los mariscos, las chistorras, los cortes y demás. Agua al gusto y lagrima tendida. Andrés sufría, Cristina padecía por ver a su esposo sufrir y por verlo comer "tres judías, una hoja de lechuga, media hostia sin consagrar y dos cubitos de hielo", como ella decía. Ha pasado el tiempo desde entonces, hasta que llego el domingo en cuya fecha cumple años Cristina. Sin dolo, Dalma y su servidor los invitamos a comer en un restaurante en la ciudad. Andrés aceptó con la condición de que tomáramos agua light, para que el pudiera beber también. Ya en el establecimiento, pedimos la carta, y pude ver la insondable depresión en el rostro de mi amigo. Fue entonces que, en un arranque de ibérica rebeldía, Andrés se soltó ordenando cantidades generosas de alimento, una botellota de vino tinto y tres o cuatro cosas para picar. Cristina le imploraba: "¡serénate, Andrés por favor!", "Nada de eso, mujer, ¡que se serenen los de la esquina!" le replicó mi amigo, y se fué con todo a la ofensiva. Al cuarto platillo, tuvo un breve momento de lucidez mientras daba un tragazo de vino tinto, se llevo la palma de la mano a la frente y exclamó "¡Mecachis!, mañana vienen a sacarme sangre para eso de los lípidos. Cuando reaccionó, era demasiado tarde. Cuando por fin salió el cocinero a avisarnos que ya no había más comida, pasamos a retirarnos. Mi amigo paso una noche infernal de Pepto-Bismol, sal de uvas Picot, Melox, Tums y antiácidos variados. A la mañana siguiente, según me platica Andrés, se topó con Genoveva, la muchacha de la casa, y así, en bata de dormir y con el rostro desencajado, le preguntó: "¿Sabes tú Genoveva, lo que es el Colesterol?" a lo que ella le contestó, "No, señor, no sé", "No importa -dijo Andrés- el caso es que es algo terrible. Aquí está una enfermera que te va a sacar sangre por que urge saber como andas del colesterol", "Pero a mi me da miedo, señor" -le dice Genoveva- "Nada, nada, es un piquetito nada más, cosa de nada, anda, haz caso, es por tu bien" -sesgó paternalmente la conversación. Al día de hoy, después de recogidos los resultados, puedo decirles que el perfil de lípidos de Genoveva esta excelente. De Andrés no hay novedad. Cristina sufre. Y ah, si, Ganó Italia.

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Fragmentos (1)

lunes, junio 04, 2007
Hace algún tiempo, cuando más 'inspirado' llegué a sentirme a la hora de escribir, tuve la idea de hacer una novela en un blog, empezé bien y luego todo se fue al carajo, como siempre. Pero lo que logré sacar, fue muy de mi agrado, ahora, lo comparto con ustedes.

Puede ser que no sea muy bueno, pero meh, escribir una novela se me hizo fácil. ¿que quieren? estoy chavo todavía...

Primer fragmento de "La Banca"

Pues bien: no sé que estoy haciendo. Hace rato, en el café internet donde estoy, me encontraba sentado en esta incómoda silla de metal pardo, checando la cantidad horrible de correos electrónicos que me han llegado (no por solicitado, sino por pasar mucho tiempo sin entrar en él), y comenzó a trabarse la máquina esta. Me enojé grandemente, tanto, que hasta las lámparas del techo temblaron con el golpe con el puño que le propiné al escritorio. Me disgusta de sobremanera cuando las computadoras se traban: no tengo la menor idea de como hacer que se 'muevan' de nuevo los contendidos de esta cochinada, me hace enojar y me causa comezón en la espalda. Pero bueno. Esperaba pacientemente a que la máquina se destrabara, pero no daba razón ni señal de poder o querer hacerlo, así que decidí apagarla -cosa que, creo, no debe hacerse en un café intentet, pero me vale- y pasarme a otra. Contra todos los protocolos, lo hize. Le apagué y me fui a otra máquina la cual prometía buen funcionamiento, pues acababa de levantarse de ella una muchacha con cara satisfecha de "ya hize todo lo que tenía que hacer". En el inter, mientras hacia el cambio de computadora, me fijé en un tipo joven de lentes, sentado a mi izquierda. Escribía furiosamente en una página como esta, pero pues ingonaraba yo totalmente de lo que se trataba, y me picó, fuerte, el gusano de la curiosidad, ah, la maldita curiosidad. Me puse tras él y haciendo alarde de toda mi metichez y falta de educación, escrúpulos, respeto, aseo personal y todo lo que te enseñan en la casa, le pregunté, así sin más que que era lo que estaba haciendo. "Estoy escribiendo", me dijo el idiota, y por supuesto que lo estaba haciendo. Lo que yo quería saber era donde, como, y porqué. Acto seguido se lo pregunté. "Es un blog, señor, aquí uno escribe lo que quiere, cuando quiere, y como quiera y no tiene que hacer nada más", hombre, pues que bien. Luego inquirí el costo de tan particular servicio del internet, y me dijo que no costaba un céntimo, "es totalmente gratis" me dijo, y totalmente es una palabra que, por supuesto, todo lo abarca, y eso de "todo gratis" a mi me encanta, ¿a quien no?. Ya por último, le dije "Yo quiero uno, ¿como le hago?" y ya me dijo que me metiera a la página de blogger y demás cosas que no vale la pena discutir. Y aquí estoy, escribiendo así nomas por escribir. Lo que nos trae al comienzo de este, eh... fragmento: No se que estoy haciendo. No tengo idea de que hacer con esto. No se que esperar de él, no se lo que me vaya a traer, es más: no se nisiquiera quien me va a leer y porqué querría leerme. Pero pues ya estoy aquí, ya escribí en esto, total, a ver que se puede hacer. Es más, es tan impulsivo este asunto, que el título y el dominio los saqué por que al no tener la menor idea de como ponerle de título a una página de internet, voltée a todas partes y vi el parque frente a este café. Un parque común y corriente: medio limpio, medio grande y medio lleno; o medio vacío, como sea la preferencia. Un parque como todos, con su pasto, sus árboles, sus caminitos de cemento, su kiosko, y ah, la clave: sus bancas. Una banca. La Banca. Paf, he ahí el título de la página. Lo siguiente: la dirección. No pues obvio, La Banca también. El problema, esque alguien más vió una banca y ya se le había ocurrido. Me lo ganaron. Pero no me dejé vencer: comenzé a ver a las personas dentro del parque. Y lo mismo que en los demás, personas corriendo, otras paseando a sus perros, niños jugando, parejas fajando, y ancianos alimentando las palomas con maíz, o migajas, o lo que sea que les dan de comer. Fue en ese momento cuando vi a un señor raro. No raro como asesino en serie, pero raro. Vestido de negro de pies a cabeza, zapatos de charol, pantalón de vestir impecable y perfectamente bien planchado, con chalequito, reloj de cadena, saco a la medida (se notaba porque le sobresalían los puños de la camisa), monóculo y galera muy elegante y anacrónica. Estaba ahí, sentadote, mirando a lontanza y sin mayor oficio que estar ahí como plasta sin hacer nada. Calentando la banca. Como tantos niños mexicanos negados para los deportes, como yo mismo en los años mozos, cuando en antaño me elegían último para las cascaritas de la cuadra. Y ahí estaba la dirección. Así quedamos entonces, justo a tiempo, pues nada más traje veinte pesos, que es lo que cuesta una hora de internet en este lugar. Supongo que este es el comienzo de alguna clase de crónica de mi vida. Pero no lo considero así, pues para empezar, en mi vida no pasan cosas extraordinarias dignas de contar, aunque puedo comenzar a fijarme. Ya veremos.

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La sequía del Unico Mundo.

sábado, mayo 26, 2007
I

Contrario a todos los pronósticos, el mundo y la humanidad tal como lo conocemos, llegó a su fin sin hacer grandes aspavientos, el 7 de Agosto de 2083, cuando un humano extrajo la última brizna que nos quedaba de agua salada-potabilizada y todo se fue a la mierda. Irónicamente, ese hombre se llamaba Jesús, y era palestino.

Según el informe de las Naciones Unidas el mundo se había quedado sin agua dulce en 2031; se adoptaron medidas para racionar el agua y se llegó a la conclusión que las reservas de agua no eran lo suficientes para mantener a la población mundial que ascendía a 12 billones de habitantes, aproximadamente. Como nunca existió una manera de llevar agua a todos los confines del mundo, y esta era una situación extraordinaria en la historia, medidas extraordinarias fueron tomadas, naturalmente.

Primero, se forma una comisión temporal para la evaluación del desastre por venir. Esa comisión, conformada por ingenieros, matemáticos, biólogos y demás expertos del mundo -entre ellos un mexicano, un cubano y un togolés- se encargaron de hacer censos, perfiles y demás para formar una lista de personas con derecho al agua. La lista fue entregada a las Naciones Unidas después de cierto tiempo no revelado y el Plan de Consevación del Agua (WCP por sus siglas en Inglés) entró en vigor.

Se decretó ley marcial en todos los países afiliados. Las fuerzas militares tomaron las instalaciones de los disntintos organismos que cuidaban el agua. En Europa y Norteamérica el proceso fue civilizado; en America Latina, Africa y algunos países de Asia, fue tomado por la fuerza. Mucha gente pereció intentando obtener agua para su familia, pero ya estaba decidido que sólo unos pocos la obtuvieran, era un decreto de Arriba, y ahí ya no había vuelta atrás.

Es de destacarse que en los países de la Unión Europea y Norteamérica fuera tomado con pasmosa aceptación el plan que significaba la muerte de muchos de sus habitantes, aunque a nadie le extrañó. Caso contrario en América Latina y Africa, donde hubo rebeliones, amotinamientos, insurreciones y también matanzas masivas. El Plan Conservagua tenía proyectada cierta cantidad de muertes por la misma naturaleza del proyecto, sin embargo no se tenían contempladas tantas muertes en un lapso tan corto de tiempo.

En cuatro años, por los efectos colaterales, las insurrecciones y demás eventualidades violentas de Conservagua, la población de la tierra se redujo a la mitad, la misma cantidad de humanos que había en el año 2006. La ONU emitió un comunicado donde hace saber a todos los pueblos del mundo que el Plan de Conservación del Agua, había concluído en su primera fase.

II

El agua, ahora en poseción de unos cuantos, era el bien más preciado en el planeta. El dinero había pasado a un segundo término, ahora el agua significaba poder. Ahora, el poder recaía, como siempre, en las manos de la gente que había financiado con dinero y sangre su obtención.

Fue de esta forma como algunas personas -menos del 20% de la población- podían obtener agua para sus necesidades primarias, siempre y cuando pudieran pagar. Es lógico que el vital líquido, siendo un bien escaso, de altísima prioridad y demanda, fuera vendido en esos términos. Si bien las personas con derecho a ella podían comprarla, no podían adquirir toda la que deseaban, aunque pagaran el precio de oro que se pedía por ella.

El Conservagua sólo admitía cierta cantidad de galones o litros por familia; atrás quedaron los tiempos de abrir la regadera o llenar la tina y meterse a bañar; una botella de agua era más valiosa que cualquier artículo de lujo y una alberca era una falacia que sólo podía ser concebida en la mente desequilibrada de algún loco... aunque se hablaba que en algún lugar del mundo, en la casa de algún trillonario, y escondida en un bunker bajo tierra, existía una alberca de agua fría y cristalina, pero solo era una leyenda.

Por si fuera poco, el continuo maltrato y explotación brutal de recursos naturales, llevó a un punto crítico el orden natural del planeta. El efecto invernadero había alcanzado niveles muy altos, y los cámbios climáticos se sintieron con gran fuerza.

Hubo olas de calor alarmante que le costaron la vida a millones, pues los calores de 49 grados centígrados condenaron a las personas a permanecer dentro de sus casas durante el día y salir a la calle durante la noche. Muchas personas caían muertas por el golpe de calor causado por la temperatura, y si contamos que los pocos animales que sobrevivieron a "La Gran Sequía" terminaron de morir en ese período, llegamos a la conclusión que todo aquél que no tuviera el dinero para comprar alimentos transgénicos, enlatados o procesados... moría de inanición, calor, o deshidratación.

III

Corría el año 2051, la población se había reducido a solamente a una minúscula fracción de su cifra total. El tiempo, previamente dividido en "Antes y Después de Cristo", era utilizado solamente por los románticos, pues apartir del 2031, la nomenclatura cambió y se denominaba "Antes de la Sequía y Después de la Sequía"; el desastre era tan apabullante que había cambiado la manera de contar el tiempo.

En aquel año 20 D.S. todo fue muerte y pestilencia, silencio y destrucción. La población reducida a un mínimo; los sobrevivientes se establecieron en comunidades pequeñas y cerradas de no más de mil habitantes. El mundo perdió casi todo su verdor, y un desierto salado e insondable se apodero de casi todo el rostro del planeta: la tierra, planeta una vez vibrante por la vida que alojaba, estaba a punto de convertirse en una versión macabra de su hermano Marte.

Los pocos sobrevivientes de los países pobre que no tenían el dinero para costear el gasto que significaba el agua, formaron alianzas para buscar una solución a su problema, es de esta forma, que el planeta se dividió en dos continentes separados: Tierra Unida (América Latina, Africa y la mayoría de Asia) y Naciones Unidas (Europa, Norteamerica, China, India y Japón). El mundo quedó dividio, ahora y como nunca antes, entre ricos y pobres.

Es bien sabido los recursos que se tienen cuando hay carencias, y los habitantes de Tierra Unida, lograron desarrollar un método ancestral para convertir el agua salada, en agua potable. Desarrollar el método llevo mucho tiempo y dinero, pero al final, se develó la MAPO 50 (Maquina Potabilizadora) ante los dirigentes del parlamento de Naciones Unidas y Tierra Unida. Donde comprobó su buen funcionamiento y capacidad para abatir el desastre que nos condenaba inexorablemente a la muerte.

La MAPO entró en funciones de inmediato, haciendo de Tierra Unida un continente próspero y que en un lapso corto de tiempo, desarrolló todo su potencial y se convirtió en la fuerza que gobernaba el planeta; Ahora los pobres tenían el poder. Ese poder que el agua y su ingenio le conferían. Naciones Unidas emitió una petición para poder llevar esa tecnología a sus países, pero Tierra Unida lo negó. Los papeles se invirtieron: ahora la condena pesaba sobre los ricos, pues ni con todo su dinero podrían comprar una tecnología invaluable para la humanidad.

IV

Tierra Unida progresaba a pasos agigantados y se multiplicaba geométricamente, los países afiliados a TU conocieron un progreso descomunal que jamás se había visto antes, incluso en tiempos previos a la Gran Sequía. Todos sus habitantes volvían a tener un poco de la riqueza que la propia humanidad había agotado decadas atrás. Tierra Unida adoptó de nuevo el sistema antiguo para contar el tiempo, y se avecinaba una nueva época de progreso, donde por primera vez, todos los involucrados estaban comprometidos para un mismo fin.

Por otro lado, Naciones Unidas hacía hasta lo imposible por obtener la tecnología MAPO de agua salada-potabilizada. Las reservas que habían cuidado tan celosamente y que habían costado tantas vidas, se agotaban poco a poco, y la población comenzaba a caer en la desesperación. Se mandaron emisarios a negociar la tecnología sin éxito, después se mandaron espías que fueron descubiertos y eliminados, y por último, se declaró una guerra a gran escala en la cual las Naciones Unidas fracasaron miserablemente, al toparse con el poderío militar de la Tierra Unida.

Con todas las esperanzas perdidas, el Primer Ministro de las Naciones Unidas, capituló. Convirtiéndose la otrora única potencia mundial, en una simple colonia de Tierra Unida. Se formo el Unico Mundo. Los ciudadanos de las antes llamadas Naciones Unidas vivían a expensas de lo que les enviara la Federación del Unico Mundo. Y pasaron de ostentar un estatus de gran imortancia, a simples asalariados de las personas que alguna vez dejaron para morir.

La Federación tenía Máquinas Potabilizadoras a lo largo y ancho de todo el Unico Mundo. Operadas por personal especializado y de toda la confianza de la federación, para evitar que la tecnología cayera en manos equivocadas, haciendo explotar el hervidero beligerante en el que se habían convertido los confederados de NU. Se supieron de casos donde hubo ataques de grupos paramilitares con la intención de secuestrar a los operadores o desmantelar las MAPO, pero todos esos intentos fueron acallados con violencia y ahogados en sangre.

Es asi como poco a poco, la recalcitrante NU se diluía moralmente por el estado de quasi-esclavismo que vivía. Corría el nuevo año 2073, y el progreso se acercaba. Hasta que sucedió el mismo desastre de hacía casi medio siglo, que cambiaría de nuevo el panorama global, esta vez, para siempre.

V


El progreso acelerado e indetenible del Unico Mundo se mantuvo así por una década. Fue entonces, en el pináculo del desarrollo, en el florecimiento absoluto de una cultura totalmente nueva y unida por fin, que en Palestina una de las MAPO se haberió al reconocer su computadora interna que ya no había más agua por procesar.

Sin haberse dado cuenta, por estar tan ocupados reconstruyendo, destruyendo, y volviendo a construir, al estar atendiendo guerras, espionages y colonizaciónes, al triplicar la población del mundo en 2039, el Consejo del Unico Mundo, fallo al escuchar las proyecciones de la Cámara de Cientificos, que les pedía una desaceleración en la explotación de los yacimientos de agua salada.

El agua, había ocupado el lugar de los combustibles fósiles de antaño y se había convertido en la base de toda la economía. Todo se movía a base de agua y energía solar. Todos los sembradíos, alimentos, energéticos, combustibles y materias primas, estaban hechas a base, o dependían de la aplicación del agua. Al ser una población tan numerosa, se debieron fabricar mas y mejores máquinas de potabilización para cubrir la demanda cada vez mayor de agua salada-potabilizada.

Fue entonces, un 7 de Agosto, cuando la MAPO número 32481, situada en la franja de Gaza, en la ciudad de Ramala, encontró un error al procesar lodo. Ese sería el primero de muchos fallos que alcanzarían la totalidad de las Máquinas Potabilizadoras del Unico Mundo. Llevando el sistema potabilizador a pique y el pánico al Consejo.

La Federación del Unico Mundo trató de esconder por algunos meses los cada vez mas evidentes fallos de las MAPO y la falta de agua potable en toda la extensión del planeta. Ahora todo estaba rodeado de agua usada, imposible de procesar de nuevo, debido a que el proceso de potabilización del agua salada era a nivel molecular y no podía efectuarse mas que una sola vez.

Ahora, con reservas de agua potabilizada para tres años, el Unico Mundo estaba condenado a desaparecer en el corto plazo. Pasados los tres años, exactamente el 7 de Agosto de 2086, todas las actividades del planeta fueron suspendidas, pues el Consejo y la Federación del Unico Mundo, darían un importante anuncio a todos los ciudadanos a lo largo y a lo ancho del continente que decía, mas o menos, así:

A Todos los Honorables Ciudadanos del Unico Mundo:

Venerables conjéneres, hermanos. Acudo hoy ante ustedes, como el Presidente del Consejo y en representación de la Federación del Unico Mundo, para hacerles llegar noticias que cambiaran nuestra manera de vivir y coexistir con nuestro entorno.

Hace tres años, encontramos un fallo en una de las Máquinas Potabilizadoras de Agua, situadas en el cercano Oriente. La máquina, al ser consultada, redactó un profundo análisis de las condiciones del suelo, comunicándonos que el agua se habia terminado.

Como ustedes saben las MAPO se encuentran enlazadas en red, y la primer MAPO comunicó a sus vecinas y a todas las demás este fallo, que el resto del contingente, repartido a lo largo y ancho del Unico Mundo, supo reconocer en su propio entorno. De esta forma, venerables ciuddadanos, nos hemos enterado que también el agua salada-potabilizada, se habia terminado.

El Consejo y la Federación repararon en este aspecto hace tiempo ya. Y tratando de evitar este problema, comenzaron hace 3 décadas la formación de una reserva de agua potabilizada, para momentos de emergencia como éste. Contábamos con que esa reserva acumulada por treinta años, nos ayudara a comprar tiempo mientras lográbamos idear algún método para evitar la catástrofe.

Pero temo informarles que todo ha sido un fracaso: No hay manera en este mundo, de devolver el agua a su estado natural una vez potabilizada. Utilizamos todos los recursos disponibles y ofrecidos por el Unico Mundo para este fin. Pero no existe manera de desarrollar agua: no es posible producir algo de la nada. Y nada es lo que tenemos.

Durante estos tres años, temiendo un pandemonio a gran escala, guardamos en secreto esta situación, y espero nos perdonen, Venerables Ciudadanos, espero nos crean cuando les digo en nombre de todos los miembros del Consejo y la Federación, que hemos hecho todo cuanto estuvo a nuestro alcanze para lograr la supervivencia de nuestra raza. Pero ahora, hemos agotado todas nuestras opciones. Y no nos queda nada más que esperar.

Me despido ahora de ustedes con gran pesar, esta será la última vez, que el Consejo y la Federación del Unico Mundo se dirige a ustedes. Esperando que no estalle una crisis como la que tenemos contemplada, me retiro a nombre de todas las personas que represento con gran orgullo.

Hasta Siempre, y que Dios nos ayude.

VI

Y así, sin grandes aspavientos, el mundo suspendió toda actividad, para estar con los suyos. Se hicieron grandes fiestas, y banquetes, se utilizó lo poco que quedaba de agua para regar y alimentar a todos y cada uno de los habitantes del Unico Mundo. Hasta el día del fin, cuatro meses después. Cuando un 7 de Diciembre del año 2086, toda la población del planeta comenzó a morir calmadamente mientras dormía. Pues no tenían fuerza para continuar, el agua se había terminado, las reservas también, y toda la humanidad permanecía en casa a la expectativa del final.

Fue entonces, que en la Navidad de 2086, murió el último humano sobre la tierra, que de la misma manera, se había convertido en una roca tan seca y agreste, que si alguien la hubiese visto, nunca hubiera sospechado que algna vez, existió vida ahi.


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